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 Continuar la historia...

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Gonetxa
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   16.10.16 15:50

MezuaGaia: Re: Continuar la historia... Hoy a las 12:57 Seleccionar/ Deseleccionar multicitación Aipatuaz erantzun Hacer un reporte del mensaje a un administrador o a un moderador Cerrar los reportes de este mensaje
Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado.
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Geserit
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   02.11.16 19:42

Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos.

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Gonetxa
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   02.11.16 23:31

MezuaGaia: Re: Continuar la historia...   Hoy a las 19:42 Seleccionar/ Deseleccionar  multicitación Aipatuaz erantzun  Hacer un reporte del mensaje a un administrador o a un moderador Cerrar los reportes de este mensaje
Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor".
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   03.11.16 20:33

Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor". "¿Quién??" bramó el dragón aún medio adormilado. Y, cómo si de una ley natural se tratara, se sacudió entero para desperezarse. Blas, que de leyes naturales poco dominaba, no se lo esperaba y no le dio tiempo a amarrarse con fuerza a las escamas del animal.

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Gonetxa
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   04.11.16 0:10

MezuaGaia: Re: Continuar la historia... Ayer a las 20:33 Seleccionar/ Deseleccionar multicitación Aipatuaz erantzun Hacer un reporte del mensaje a un administrador o a un moderador Cerrar los reportes de este mensaje
Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor". "¿Quién??" bramó el dragón aún medio adormilado. Y, cómo si de una ley natural se tratara, se sacudió entero para desperezarse. Blas, que de leyes naturales poco dominaba, no se lo esperaba y no le dio tiempo a amarrarse con fuerza a las escamas del animal. Cayó rodando por el lomo del dragón y fue a parar al lecho donde había estado durmiendo durante más de 2000 años, un lecho de huesos carbonizados de miles de guerreros, bestias y seres ya desaparecidos y que en su día había derrotado el dragón para proteger su tesoro. Blas, espantando, buscó en su zurrón el amuleto de los Elfos que le protegería del fuego abrasador, pero entonces recordó que no era un hobbit, así que que sacó una botella de sidra de forro de su abrigo, pues zurrón tampoco tenía.
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   30.11.16 14:02

Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor". "¿Quién??" bramó el dragón aún medio adormilado. Y, cómo si de una ley natural se tratara, se sacudió entero para desperezarse. Blas, que de leyes naturales poco dominaba, no se lo esperaba y no le dio tiempo a amarrarse con fuerza a las escamas del animal. Cayó rodando por el lomo del dragón y fue a parar al lecho donde había estado durmiendo durante más de 2000 años, un lecho de huesos carbonizados de miles de guerreros, bestias y seres ya desaparecidos y que en su día había derrotado el dragón para proteger su tesoro. Blas, espantando, buscó en su zurrón el amuleto de los Elfos que le protegería del fuego abrasador, pero entonces recordó que no era un hobbit, así que que sacó una botella de sidra de forro de su abrigo, pues zurrón tampoco tenía. Decidió acabarse el sorbito que le quedaba. Al menos aquello le daría valor. Lo que Blas desconocía es que alguien había cambiado su botella de sidra por una pócima mágica que le otorgaría un poder fabuloso.

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Gonetxa
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   30.11.16 23:08

Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor". "¿Quién??" bramó el dragón aún medio adormilado. Y, cómo si de una ley natural se tratara, se sacudió entero para desperezarse. Blas, que de leyes naturales poco dominaba, no se lo esperaba y no le dio tiempo a amarrarse con fuerza a las escamas del animal. Cayó rodando por el lomo del dragón y fue a parar al lecho donde había estado durmiendo durante más de 2000 años, un lecho de huesos carbonizados de miles de guerreros, bestias y seres ya desaparecidos y que en su día había derrotado el dragón para proteger su tesoro. Blas, espantando, buscó en su zurrón el amuleto de los Elfos que le protegería del fuego abrasador, pero entonces recordó que no era un hobbit, así que que sacó una botella de sidra de forro de su abrigo, pues zurrón tampoco tenía. Decidió acabarse el sorbito que le quedaba. Al menos aquello le daría valor. Lo que Blas desconocía es que alguien había cambiado su botella de sidra por una pócima mágica que le otorgaría un poder fabuloso. Ni más ni menos que el poder de apaciguar la furia de un dragón contando chistes, así que sin saber muy bien porqué Blas empezó a contar todos los chistes que recordaba mientras el dragón reía y reía, pues es sabido que a los dragones les hace gracia cualquier cosa, siempre, claro está, que te dejen terminar el chiste sin terminar achicharrado, aunque lo que no sabía Blas es cuanto duraba el hechizo.
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MensajeTema: Re: Continuar la historia...   12.12.16 19:34

Érase una vez la historia de un cazador de monstruos profesional llamado Nemesio, que le gustaba mucho pasar el rato comiendo almendras garrapiñadas acompañado de un buen vaso de cola cao. Pero un buen día después de pasar su rato agradable,le entraron unas ganas terribles de ir al baño y descargar toda la mercancía, pero en ese momento llamaron a la puerta y apareció Blas con una caja de botellas de sidra que estaban congeladas, pero no importaba, ambos se pusieron ciegos de sidra, mientras un enorme monstruo se acercaba a la cabaña.Era el boabagh, la criatura del bosque que se comía las lenguas de sus víctimas después de arrancárselas con sus garras que parecían dientes de cocodrilo, pero no podía entrar hasta que no pronunciaran las palabras secretas. Pero Nemesio no las recordaba por tremenda cogorza que tenía, así que Blas se puso una botella de sidra en cada dedo a modo de garras y plantandose en el umbral de la puerta, se dispuso a encarar al mounstruo bajo la mirada alucinada de Nemesio. El monstruo cayo fulminado por una ataque de risa al ver a Blas agitar los dedos con las botellas de sidra. En ese momento, Nemesio recordó las palabras secretas y al pronunciarlas se oyeron un tambores que parecían sonar desde lo profundo de la tierra y la cabaña empezó a temblar. Se abrió un oscuro agujero en el suelo de la habitación y vieron que había unas escaleras de piedra que bajaban en espiral a lo que que parecía que no tenía fondo. Nemesio no se lo pensó dos veces y empujó a Blas al agujero. Mientras Blas caía rodando por las escaleras cual pelota, Nemesio al fin, pudo descargar toda la mercancía tranquilamente en su baño. Pensó Blas que el golpe iba a ser fatal, pero se sorprendió al comprobar que sus hueso daban con algo blando y que había amortiguado la caída. Blas cayó en una de las alas de un dragón dorado y debido al susto se meó encima mientras rezaba a todos los dioses antiguos y nuevos que la bestia no despertáse. Lo que no sabía Blas es que tenía alergia a los dragones, pues nunca había estado cerca de uno, y sintió como iba creciendo en su interior lo que se anunciaba como el el estornudo más grande nunca escuchado. Efectivamente, estornudó de tal manera que cayó de bruces encima del lomo del dragón, que lentamente abrió uno de sus ojos. Una voz profunda y ronca hizo temblar las paredes de la cueva: "¿quién se ha atrevido a despertar mi sueño de 2000 años?". Una voz temerosa tardó es responder: "soy Blas", dijo para añadir un poco después: "...señor". "¿Quién??" bramó el dragón aún medio adormilado. Y, cómo si de una ley natural se tratara, se sacudió entero para desperezarse. Blas, que de leyes naturales poco dominaba, no se lo esperaba y no le dio tiempo a amarrarse con fuerza a las escamas del animal. Cayó rodando por el lomo del dragón y fue a parar al lecho donde había estado durmiendo durante más de 2000 años, un lecho de huesos carbonizados de miles de guerreros, bestias y seres ya desaparecidos y que en su día había derrotado el dragón para proteger su tesoro. Blas, espantando, buscó en su zurrón el amuleto de los Elfos que le protegería del fuego abrasador, pero entonces recordó que no era un hobbit, así que que sacó una botella de sidra de forro de su abrigo, pues zurrón tampoco tenía. Decidió acabarse el sorbito que le quedaba. Al menos aquello le daría valor. Lo que Blas desconocía es que alguien había cambiado su botella de sidra por una pócima mágica que le otorgaría un poder fabuloso. Ni más ni menos que el poder de apaciguar la furia de un dragón contando chistes, así que sin saber muy bien porqué Blas empezó a contar todos los chistes que recordaba mientras el dragón reía y reía, pues es sabido que a los dragones les hace gracia cualquier cosa, siempre, claro está, que te dejen terminar el chiste sin terminar achicharrado, aunque lo que no sabía Blas es cuanto duraba el hechizo. Ni siquiera pensó en ello. Pero cuando, en mitad del famoso chiste del hombre entre dos vallas, balbuceó, se dio cuenta de que no sabía el final. El efecto de la pócima había finalizado. Los ojos del dragón reflejaban la impaciencia de quien espera el final de un chiste malo. El cerebro de Blasintentaba encontrar alguna solución pero sus balcuceos acabaron por desesperar al dragón y...

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